“El
liderazgo distribuido, como una propiedad de toda la organización (Ávila,
2008), se entronca con el concepto de liderazgo como influencia planteado por
Bush (2008), en que los liderazgos formales y de muchos otros individuos
movilizan y guían a otros profesores en un proceso de cambio instruccional
(Harris, 2002). Un modelo de liderazgo distribuido se enfoca en las
interacciones simétricas más que en las acciones de aquellos en roles formales
e informales de liderazgo (Harris y Spillane, 2008, p. 1). En este modelo
"las interacciones entre líderes tienen una relación de reciprocidad en la
que la solidaridad y el trabajo en equipo tienen prioridad"
(Riveros-Barrera, 2012, p. 297), conformando comunidades de aprendizaje con
fuertes lazos sociales y profesionales. Bryk, Camburn y Seashore (1999) han
encontrado una relación dinámica entre la confianza y la creación de
comunidades profesionales, la que se funda en las relaciones entre profesores
que son apoyados por directores que mantienen un contacto permanente y tienen
estilos inclusivos de liderazgo. De manera directa aumentan los sentimientos de
pertenencia y propiedad sobre la organización y, por tanto, el compromiso y la
moral de los equipos de trabajo, lo que se expresa en una mejor comunicación y
mayor cooperación; de manera indirecta mejora el proceso de toma de decisiones
y los resultados de los estudiantes (Harris y Townsend, 2007; Harris y
Spillane, 2008; Southard, Muldoon, Porter y Hood, 1997). Una investigación
realizada por Group Education (Arrowsmith, 2004) determinó que el ejercicio del
liderazgo distribuido crea un cierto clima en la escuela que se refleja en
logros, asistencia y "otras mediciones duras", aunque es claro que no
se puede establecer una conexión directa con los resultados académicos, pero sí
en aspectos propios del trabajo del equipo, tales como moral, creatividad y
compromiso con los valores comunes.” (Quiroga,
2014; p.241)
Desde el enfoque que se
da, del desarrollo de competencias científicas en las primeras edades, se
enfatiza el liderazgo en la infancia, en la cual se busca tanto capacitar a los
docentes para crear un ambiente pedagógico propicio para el aprendizaje. El
liderazgo es enfocado como la estrategia para la implementación de competencias
científicas que favorecen el desarrollo
de acciones colaborativas en el aula al realizarse las debidas reparticiones de
los respectivos roles, y la distribución de las tareas. El liderazgo beneficia
en gran medida a los niños, puesto que mejorar su sentido de pertenencia y
propiedad en la organización, y así mismo se siente más comprometido en su
labor y con mayor sentido moral. Estas actividades además favorecen la
creatividad en los niños, y así mismo su compromiso con los valores en común,
pues al enfocar desde la infancia la importancia del trabajo en equipo, los
niños dejan de ser individualistas, y pensar solo en sus propios objetivos,
sino que piensa más en trabajar en equipo y así llegaran más lejos al ayudarse
unos a otros y sentir empatía por sus compañeros, en vez de querer generar una
competencias, que es lo que se ve siempre en las aulas escolares, los
estudiantes compiten entre ellos, en vez de formar un equipo y ayudarse a ser
mejores cada día. De esto se desarrolla el aprendizaje de competencias
científicas derivadas de las ciencias sociales, puesto que de su aprendizaje
desde temprana edad brinda las herramientas para desempañarse a futuro como
ciudadanos. Por esto la ciencia siempre será un factor determinante en el
aprendizaje del niño, puesto que ayudara a estimular sus sentidos y a
perfeccionar sus habilidades paso a paso para desempeñarse en gran medida
progresivamente según los niveles de aprendizaje en los cuales se va avanzando. 
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